22.7.12

Buscando a Nemo


Caín bajaba. Bajaba. Bajaba. Su mundo ahora eran tres colores: Verde. Amarillo. Rojo. El verde significaba “adelante”. El amarillo significaba “peligro”. El rojo significaba “pérdida o muerte”. Nunca había visto el rojo, aún. Nunca había tenido que usarlo. Y esperaba no usarlo nunca. Era un buzo experimentado, con 20 años de trabajo y una bombona de aire a sus espaldas. De joven, su única meta había sido esa, bucear, meterse en su traje y observar la otra vida, debajo del agua. Todo estaba tan tranquilo. Todo era de color azul, muchos matices de azul. Claro, oscuro casi negro, de color cielo, de color más bien verdoso. Azul, al fin y al cabo. No había tormentas, no había viento, no había gente. Solo agua, peces, plantas y rocas. Y antigüedades u otros objetos perdidos en el mar. Eso era lo que él buscaba. Trabajaba libremente. Si algún museo o algún coleccionista le pedían que buceara para él y encontrara alguna cosa, él lo hacía. Se preparaba el traje, inspeccionaba la zona y contrataba a algún marinero para que le vigilara el barco mientras él se sumergía y le ayudara a subir si encontraba algo.

Pero Caín tenía su propio objeto perdido. De pequeño, era una cosa que él apreciaba mucho y que siempre llevaba consigo. Pero un día, jugando en la playa, una ola se lo llevó. Su padre intentó encontrarlo, pero no lo consiguió. Caín lloraba y lloraba porque lo quería pero su padre le decía “-Ahora no lo podríamos encontrar, debe estar bajo el mar, jugando con niños pez.” Pero él no quería que su juguete favorito jugara con otros niños, aunque fueran niños pez. Por lo que se hizo buzo. Para encontrar su objeto perdido en el mar. Pero ¿cuál era ese objeto? Por desgracia, Caín no lo recordaba. No tenía fotos. No lo recordaba con claridad. Solo sabía una cosa, que sus colores eran los colores del arcoíris. 

Se pasaba los días debajo del agua, buscando su objeto y otros objetos perdidos. Cuando no salía a bucear, se sentía mal. Pensaba a todas horas en el azul del mar, el agite de las algas, las burbujas que salían de su casco….


Una mañana, se levantó temprano. Hacia un sol espléndido y nada de viento. “Buen día para bucear”-pensó.- “Quizá hoy tengo suerte”. Ese sentimiento de optimismo se debía a que Caín había soñado con algo. Él raramente soñaba. Pero no se acordaba. Solo sabía que había soñado, pero decidió no darle más importancia. Cogió sus cosas, su traje, su cámara sumergible…Y se dirigió a puerto, donde lo esperaba su barco y un marinero del cual nunca recordaba su nombre. Matt, Tod, Pad….O algo parecido. No era importante.

Bajaba. Abajo. Abajo. Abajo. No había nada más que él y el agua. Algún valiente pez que se le acercaba. Las burbujas saliendo. Verde. Amarillo. Rojo. Sus aletas. Él. Y nada más. Sensación de libertad. Se acercó a un arrecife de coral. Amarillo. Naranja. Azul. Verde. Lila. Le hizo algunas fotos. Y continuó. Pero….De repente, vio un papel. Se extrañó, porque en aquella zona, no había ningún desecho, ni basura, ni nadie se acercaba…

Cogió el papel y subió a la superficie. Allá arriba, en el barco, con el casco a un lado y el traje aún puesto, observó el papel, que en realidad, no era un papel. Era una fotografía. De….Unos niños pez. Niños. Pez. Con ojos, aletas, branquias, pero también con brazos y piernas….Y con un juguete de color arcoíris. SU juguete de color arcoíris. Una canica. Una canica arcoíris. No lo podía creer. Detrás de la fotografía había unas letras que decían: “Caín, descubrimos que esté era tu juguete favorito. Por desgracia, han pasado tantos años, que se ha fundido con el coral donde estaba la foto guardada. Sabíamos que algún día volverías a por él. Gracias por dejarnos jugar con la canica. El mar se ve arcoíris a través de su cristal. Es increíble. Nunca lo habíamos visto así. Nos hizo muy felices. Un gran beso pez para un gran humano”.

Caín no tenía palabras, ni lágrimas, ni rencor….No se imaginaba este final para su búsqueda. De hecho, siempre había deseado un final, pero nunca lo había esperado. ¿Qué haría ahora? Estirado en su cama giró la cabeza y vio la foto de los niños pez y su canica, que había puesto en un marco azul. Una canica arcoíris, para ver la vida con todos los colores posibles. Se decidió. Quizá él había acabado su búsqueda, pero seguramente otras personas querrían encontrar objetos perdidos en el mar. Su vida sería eso, ahora. Había encontrado otro camino a seguir. Ayudar a los demás en su búsqueda. Y continuaría con lo que más amaba. El mar, el azul, algo perdido, la libertad, las burbujas…

Continuaría bajando, bajando, bajando. Su mundo seria de nuevo tres colores: Verde. Amarillo. Rojo. Verde, amarillo, rojo. Verde, amarillo, rojo.

5 comentarios:

  1. Eres una capulla xD Normalmente no suelo criticar positivamente ningún relato pero es que este es el mejor que he leido en mucho tiempo, me has superado, y acabas de empezar...
    Lo único es que estaría mejor si fuese algo más corto y yo lo habría finalizado cuando encuentra la foto, pero da igual, es perfecto.

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    1. Si es quee.....Es uno de los mayores elogios que me podrian haber hecho, en serio... :) Gracias por decir que es perfecto ^^

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  2. Verde, amarillo, rojo. Verde, amarillo, rojo.

    Me gustan tus relatos y me alegro de que hayas puesto el gadget de seguidores, aunque blogger está loco y no sé si he conseguido seguirlo.

    Bueno, que me parece genial, ¿has pensado en escribir un reato más largo, algo por partes?

    Besos

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    1. jaja, Muchas gracias, en serio. Que guste a la gente es lo mejor que me pueden decir :) Estoy escribiendo un libro, pero es bastantelargo...Aunque el relato por partes parece divertido :))

      Besiis ;)

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  3. HEY! ¿Un relato de Cristina? ¿Donde? Por fín leo uno. Me ha gustado bastante, escribes de un modo imaginativo y ciertamente inteligente. Lo único que no me ha gustado ha sido el estilo de escritura. Me agobia un poco. Pero a mi me agobian muchos escritores. Zafón, por ejemplo y a la gente le gusta mucho Zafón. No te preocupes por lo mío y sigue, que vales.
    Salut!

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