2.4.13

La vida de una mota de polvo

Volaba. Volaba. No había dirección concreta. No había límites. No había compañía. Pero a veces se posaba en algo. O en alguien. Y entonces, por unos instantes, se sentía acompañada. Hasta que, como siempre, la apartaban. La soplaban. Le pasaban por encima. La miraban de reojo esperando que se fuera. Y se vuelve a ir con el viento, con ese viento que a veces es su único confidente. Con ese viento que le hace sentirse dueña y señora de la vida.

Al principio no estaba sola. Había muchas más a su lado. Cientos y cientos en un lugar muy pequeño. Algunas llevaban ahí mucho tiempo. Otras habían hecho “¡pop!” de la nada y allí estaban. Estaban calentitas, todas juntas. No conocían el frio. Ni la soledad. Ni la luz. Todo era oscuro. Las más antiguas contaban historias de una caja enorme, redonda, con el cielo azul, el suelo verde….Pero las más jóvenes no se lo creían. No habían conocido nada más que esa multitud oscura, siempre igual de inamovible….


Pero un día la cosa cambió. De repente, un gran movimiento las sacudió. Algunas cayeron encima de otras y se desvanecieron. O hicieron “pop” y surgieron más. Y, sin previo aviso, el cielo negro se levantó. Y todas saltaron de repente. Un gran vendaval se las llevó de aquí para allá. No había oscuridad, sino todo lo contrario. No podían ver nada. Pero poco a poco se acostumbraron a la diferencia. Y descubrieron que los ancianos tenían razón. Que todo era como una gran caja de techo azul y suelo multicolor. Que había una brisa que las transportaba de aquí para allá. Que había miles de millones como ellas. Que aún tenían mucho por ver, por sobrevolar, y hacer “¡pop!” a otras como ellas.


Poco a poco, ella se iba cansando. Hacía ya demasiado tiempo que volaba. Que se posaba en cosas. Que la hacían volar aunque no quisiera con un movimiento cruel. Hacía ya demasiado tiempo que el viento era su única compañía, que el azul ya no era azul puro. Que el multicolor era solamente gris monótono. Hacía ya demasiado tiempo desde que salió de la cajita pequeña para ir a una cajita grande que no se terminaba nunca y que ya había dejado de gustarle.


¿Y porque no cambiar? ¿Porque limitarse a ir sin dirección, llevada por el viento, sin tomar las riendas de su propio vuelo? ¿Por qué limitarse a posarse sin querer, a no ser querida, a no observar nada que le gustara? A partir de ese entonces, decidió que empujaría ella al viento, que iría a donde tuviera ganas, que descansaría allí donde quisiera, sin que nadie la echara con un movimiento desagradable. A partir de entonces volaría libre, lejos de ese gris monótono, de ese azul impuro, de esa caja infinita. Volaba. Volaba. Volaba…




            

*Hoy se celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, y es que un 2 de abril cualquiera nacía Andersen con mil historias entre sus dedos, que más tarde compartiría con el mundo. Muchos otros le siguieron, y seguirán haciéndolo. A todos aquellos que piensen que la infantil y juvenil es literatura pobre, hoy es un buen día para sacarles la lengua. Para todos los demás, cualquier día es 2 abril, y es que la mejor forma de conmemorarla es adentrándose en un buen libro.*






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